Sucedió en el agua

Maritza miró a través de la ventana del vagón. A lo lejos podía verse la carretera inter regional que unía todas las principales ciudades del país, desde Arica hasta Puerto Montt. Se veían pocos vehículos, pero los que pudo ver se dirigían todos hacia el sur. Ella también iba hacia el sur, con su familia, con su marido que aún...

No sé si alguna vez habrás oído respecto a lo que te voy a contar. Al menos yo, siempre creí que se trataba de una creencia popular antigua, traspasada de generación en generación.

Cristóbal miró a sus hijos, cada uno iba en su propio mundo. Matías jugaba en su teléfono mientras que Lucy escuchaba música y leía un libro. Aún no podía entender cómo era capaz de hacer ambas cosas. Generalmente cuando él leía, le gustaba hacerlo en silencio ya que la música lo distraía, pero a Lucy parecía concentrarla más. La admiraba...

No sé si cualquiera que escucha el nombre de «Las compuertas», se podrá imaginar de buenas a primeras de qué se trata. Cuando yo las conocí debo haber tenido unos nueve o diez años, y las encontré gigantes, pero cuando fui creciendo mi percepción fue cambiando y ya no las encontraba tan inmensas. En aquel lugar pasábamos los mejores momentos...

El verano del 87 yo tenía 17 años, y era del grupo de los primos mayores, junto con Silvana, Adolfo y Raúl. Aunque nos llevaban por dos años a Tomás y a mí. Roberto, Nicole y Carolina en cambio, eran los menores, entre 7 y 11 años. No recuerdo exactamente la edad que tenían entonces. Nos llevábamos bien. Éramos unidos...

Todos los veranos íbamos a la casa de mi abuela. Tengo recuerdos desde que tenía unos seis años. Siempre en febrero, siempre al mismo lugar. Y nos encantaba, porque era el momento de reencontrarnos con nuestros primos, contarnos lo que habíamos hecho durante todo el año anterior, nuestras vivencias en la escuela, nuestras notas (donde debo decir,...

Vuelve a tomar su mano. Es necesario un último esfuerzo para sacarla. Aquella aterradora cosa puede volver en cualquier momento, pues claramente su energía... y hambre, es inagotable.

Fue en enero de 1987, época de verano cuando César Ruiz debió enfrentar a la muerte, cara a cara, y todo por culpa de una gorra. Suena ridículo al decirlo así de buenas a primeras, pero aquella gorra de color rosado tenía un significado especial para él.